Por Carlos J. Domínguez, para ileon.com.

La provincia de León, de manera casi exclusiva, guarda en su montaña un bello secreto, un tesoro verde y amarillo. Una especie de flor casi exclusiva de nuestros prados y pastos que asoma a partir de estas primaverales fechas y que no se conoce lo suficiente a pesar de que decora de una manera extraordinaria los paisajes más bonitos de la Montaña Cantábrica leonesa.

Son muchos sus nombres, dependiendo de la zona: Capilotes en Riaño y la mayor parte de la Montaña Oriental, grichandanas en Laciana, lira en la comarca de Tierra de la Reina, narcisos leoneses, narcisos de trompeta… Su denominación es variada, pero su aspecto uno: una belleza de planta que a la retirada de las nieves asoma por los prados de montaña en buena parte de la geografía provincial montañesa.

Hay quien afirma que esta semana las primeras grichandanas, como allí se denominan, ya han asomado por las brañas lacianiegas, como las de Lumajo, Brañarronda o Sosas. Pronto estallarán también en los verdes valles de la Montaña Oriental, como el Valle del Naranco, Hormas o el Puerto de Tarna, por las inmediaciones de Riaño, Sabero o la comarca de Tierra de la Reina, tiñendo de un amarillo espectacular la primavera montañesa.

La fiesta de Riaño, historia de una lucha perdida

Será entonces, allá por mayo, cuando vuelva a celebrarse una tradición de no hace tanto tiempo: la Fiesta del Capilote, que se convoca anualmente en el nuevo pueblo de Riaño como se hizo por primera vez en 1985 para defender el Viejo Riaño, aquel que vivía bajo la amenaza -luego cumplida- del desalojo y el agua del pantano. En aquel año nació esta fiesta, con el narciso leonés como símbolo, para protestar ante la notificación de desalojo de varias casas en la localidad de Vegacerneja para hacer la nueva carretera. Aquel 17 de mayo tocaba desalojo y el capilote nació entonces como primaveral ‘arma’ contra aquella injusticia.

Hubo que esperar dos años para la el segundo Día del Capilote. En 1987, cuando la presa de Riaño se cerró tras enorme tensión, inundando de manera definitiva el hermoso valle. Ataviados con capilotes acudieron casi 1500 personas de la zona, detrás de una pancarta que rezaba: “De aquí no se va nadie”. Hubo además un gran corro de lucha leonesa, música y juegos infantiles. Fue un día para el recuerdo, aunque respecto al pantano de nada sirvió y se marchitó la reivindicación al igual que los narcisos duran escasos días.

Para la tercera edición hubo que esperar hasta 2006, casi 20 años. Fueron los jóvenes del nuevo y moderno Riaño los que rememoraron con el tercer día del capilote a aquellos que lucharon por sus casas, por sus propiedades y que gritaron con flores en la mano que la comarca de Riaño era una comarca abandonada. Ese sigue siendo ahora cada año el espíritu de esta fiesta.

Un hallazgo botánico muy reciente y sus usos medicinales

No son muchos los que saben que el capilote, el narciso, es una especie casi exclusivamente leonesa. Propia del clima de ciertos espacios de la Cordillera Cantábrica, ya su nombre técnico delata esa práctica exclusividad. Formalmente se denomina Narcissus pseudonarcissus subsp.leonensis y fue ‘descubierta’ o descrita por primera vez en torno a 1933 por el botánico inglés Herbert William Pugsley, algo que después rescataron los autores españoles Francisco Javier Fernández Casas y J.M. Lainz ya en 1984.

Se trata de una planta perenne con un bulbo globular subterráneo, blanquecino en el interior y con una cubierta negruzca, que produce cada año hojas y flores. Las hojas, de color verde oscuro, alcanzan longitudes de entre 30 y 40 centímetros. Pero resalta su flor, que es grande y vistosa, no sólo por los hasta 5 centímetros que puede presentar sino por su color amarillo dorado, su acanalada y sus seis tépalos fusionados en la corola.

Es curioso comprobar como el capilote también presenta algunos componentes activos como alcaloides (pseudolicorina, narcisina y pretazettina), resina, pectina y mucílago. Y por eso, históricamente se ha utilizado para aliviar la tos nerviosa, la epilepsia y las fiebres intermitentes. Se ha observado una actividad favorable en el tratamiento de tumores y en la leucemia. Pero ojo, con mucha precaución, que en dosis muy altas provocan el vómito y además son muy laxantes.

Ojo, especie protegida

Dado que ya estamos en época del espectacular narciso leonés, no está de más recordar a quien desee recolectarlo que jamás se debe arrancar, sólo vale cortarla, y que el momento óptimo es cuando han pasado un par de días desde su tamaño definitivo, después de que haya sido polinizada, de manera que se garantice que florezca al año siguiente.

Como curiosidad, el narciso leonés está incluido en el Catálogo de Flora Protegida de Castilla y León, en la categoría de especie con aprovechamiento regulado. Esto significa que hay un límite máximo ‘legal’ para recolectarlo: no se pueden coger más de 20 flores o bulbos.

Fuente: ileon.com

Fotografía: Flora de Laciana