La Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), Ecologistas en Acción y La Casa Encendida han querido retratar las fructíferas experiencias hortelanas que siembran la capital con una exposición que se inauguró el miércoles 10 de octubre en la azotea y en el torreón de La Casa Encendida, donde permanecerá hasta el 5 de enero de 2012. Su objetivo es dar a conocer algunas experiencias singulares, retratar agricultores urbanos y aventurar el futuro de esta práctica en un contexto de crisis económica y medioambiental.

Madrid está situada en una loma dominante sobre el río Manzanares. Gracias a ello, sus pobres tierras, formadas mayoritariamente por yesos de difícil cultivo dieron lugar a una fértil vega que antaño estuvo cubierta por huertos que daban azafrán, garbanzos, habas, melones, pepinos… y árboles frutales (albaricoques, almendros, cerezos…).

Dan cuenta de esta profusa expansión de huertos documentos como una carta del rey Alfonso X fechada en 1277 y que hace referencia a unas huertas, olivares y viñas situados en la puerta de Guadalajara, a la altura del mercado de San Miguel. El grabado de Antón Van Den Wyngaerde, de mediados del siglo XVI, sitúa en la cercana calle de Segovia las conocidas huertas del Pozacho. Sobran los ejemplos de huertos emblemáticos, como los que recoge el plano de Texeira (1654): la huerta de Marqués de Palacios, las Minillas, las huertas de Leganitos, de la Buitrera, la Florida, la huerta del Puente, el Molino quemado…

Hasta principios del siglo XX, Madrid conservó cierto carácter de ciudad tradicional. La mayoría de huertos desaparecieron, otros se convirtieron en viveros o jardines. Poco a poco, el desaforado crecimiento de la ciudad terminó de sepultar con asfalto las antiguas huertas.

La situación dio un pequeño giro en la década de los ochenta. Surgieron entonces algunas iniciativas dirigidas a recuperar los huertos y a fomentar la educación ambiental. Nacieron así las escuelas-taller de la Quinta de los Molinos, del Capricho, los huertos de la calle Miguel Hernández, en Vallecas, o los de San Fermín, en Usera.

Ha sido la ciudadanía la que ha tomado la iniciativa y ha creado los huertos urbanos comunitarios en la capital. En la actualidad hay más de treinta: algunos son singulares, como los de El Retiro, el Jardín Botánico; otros fueron promovidos por colectivos gremiales, como el huerto de los taxistas en el aeropuerto de Barajas o grupos de afinidad “generacional”, como el que un grupo de jubilados de Valdebernardo cuida al borde de las vías del tren. El resto fueron “sembrados” por vecinas y vecinos de Lavapiés, Adelfas, el Barrio del Pilar, Almenara…, en estrecha colaboración con los colegios de la zona, con los centros de mayores… o por organizaciones como la Cruz Roja, que mantiene uno en la azotea de su sede de la calle Pozas.

Fuente: FRAVM