Jardín residencial, de Fernando Pozuelo

“Un jardín no es sólo verde, no son sólo plantas. Va mucho más allá, pero el 99% de las empresas del sector vende jardines estándar. Hace unos cinco años senté las bases de mi actual compañía, de la que soy el único propietario, con el objetivo de hacer algo distinto, con la idea de asociar cada jardín a cada cliente”.

De este comentario desprendemos la primera advertencia. “Hay dos errores que se cometen muy menudo en este mundo. Por un lado se abusa de la mezcla de especies, de manera que el resultado final se parece más a una cesta floral que a un jardín. Por otro, no se proyectan jardines prácticos en los que se pueda hacer vida”, dice Pozuelo.

Él, en cambio, prefiere recrear en sus diseños ideas más concretas utilizando la paleta cromática que le ofrece la naturaleza. “Un cuadro de Dalí, un fragmento de Cortázar, un plato de Ferrán Adrià…”, sugiere.

Se lamenta también porque, dice, ya no se trabaja como antes. “Ni se emplean los mismos materiales ni los presupuestos son ilimitados. Todo lo contrario”. Y, haciendo un análisis más exhaustivo del sector, nos comenta que éste se ha visto enormemente influenciado por la crisis. “Hay una relación clara entre el PIB del país y la productividad de las empresas de paisajismo, que pueden haber experimentado una caída de entre un 3% y un 5% en su facturación por cada punto menos en el PIB”.

Hoy, un particular no desea invertir en un jardín a no ser que tenga un motivo muy concreto. “Por ejemplo, una persona que iba a comprar una vivienda y finalmente se ha echado para atrás dada la inestabilidad del mercado decide hacer de su jardín ordinario el jardín en el que va a ser feliz el resto de su vida”, apunta. Y afirma que conoce casos en los que la inversión se ha rentabilizado seis veces.

Pozuelo no se queja, no ha notado descensos en los proyectos que ha llevado a cabo en estos años, y se plantea facturar 0,8 millones de euros durante el primer ejercicio de andadura. Su modelo de negocio admite múltiples variantes (hoy tiene un 60% de encargos de particulares y un 40% corporativos).

Los precios, a este nivel, no están al alcance de cualquiera. Sólo el proyecto para un jardín ideográfico parte de 3.000 euros (12.000 euros en caso del jardín escénico) y a ello hay que sumarle una media de 45 euros por metro cuadrado (un jardín de 1.000 metros cuadrados podría costar 45.000 euros más el proyecto). Y tenga en cuenta que, a veces, un pequeño tamaño supone un aumento en el precio por metro cuadrado.

Quien se anime tiene varias opciones. La primera es decantarse por las tendencias imperantes: sostenibilidad y minimalismo (en consonancia con la arquitectura moderna). La segunda, encargar un jardín proyectado a imagen y semejanza de su dueño.

Fuente: Fernando Pozuelo