El Real Jardín Botánico de Edimburgo, capital Escocia, es el segundo en antigüedad de Gran Bretaña, después del de Oxford fundado en 1621. Tuvo su origen en 1670, cuando únicamente era una pequeña extensión dedicada al cultivo de plantas medicinales. Su primitivo emplazamiento ha ido modificándose hasta los terrenos que ocupa en la actualidad, que son mucho más amplios.

Las colecciones de plantas y árboles han ido siendo trasladadas, a veces con gran dificultad. En 1820, William Mc Nab, encargado de supervisar las operaciones de traslado, inventó una máquina de trasplantar árboles y, gracias a sus buenos oficios, la mayoría de ellos enraizaron sin dificultad en los nuevos terrenos.

En 1889, el jardín pasó a depender absolutamente de la Corona, que hasta entonces había subvencionado sólo en parte su mantenimiento. En esa época conoció un gran desarrollo, pues se comenzó la construcción del jardín de rocalla y de una nueva serie de invernaderos. Se convirtió en un importante centro de investigaciones botánicas y taxonómicas, especializado en la flora de China y del Himalaya.

Las expediciones botánicas que organizó George Forrest desde 1904 a 1932, fruto de las cuales fueron los 40.000 especimenes vegetales vivos o desecados que se obtuvieron, supusieron una enorme aportación en este sentido. El interés por la flora asiática se ha seguido manteniendo en Edimburgo, que dispone de importantes colecciones, entre las que destacan las de rododendros (Rhododendron) y primaveras (Primula).

Este lugar cuenta, además, con tres filiales: Benmore, Logan y Dawyck, que pueden visitarse durante los meses de verano. En Edimburgo, el Real Jardín Botánico está abierto todo el año, excepto el día de Año Nuevo.

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Fuente:  Naturaleza Educativa